Siento una atracción inexplicable por Marruecos.
Quizá se deba a que, siendo bebé, me paseaban mis padres por Tetuán en el capazo. Quizá se deba a que tengo grabados en alguna lugar de mi cerebro las voces de las mujeres marroquís, los olores de la calle, de la casa de mis abuelos y del mercado, la medina… y, quizá, la atracción que siento por la luz del Mediterráneo se deba, también, a Marruecos.
He nacido en Madrid, he crecido entre Bilbao y Santander pero he elegido el Mediterráneo para vivir.
Nada me ataba aquí, nada me obligaba a venir pero este lugar me llamaba con insistencia. Quizá, también, la elección del nombre “TARIFA RAK” tenga que ver con el recuerdo de la sonoridad que tengo en la memoria.